Los RTD (o termopares) resistentes al desgaste funcionan según el principio de que la resistencia eléctrica de los materiales conductores o semiconductores varía de manera predecible con la temperatura; a medida que cambia la temperatura, la resistencia del elemento sensor (por ejemplo, alambre de platino) cambia en consecuencia, y esta variación es medida por un circuito y convertida en una lectura de temperatura; su durabilidad proviene de fundas protectoras hechas de aleaciones resistentes al desgaste o compuestos metal-cerámicos con dureza superficial de HRC 60-65, lo que permite resistir la abrasión, la corrosión y los impactos en entornos hostiles como calderas de centrales eléctricas o hornos de cemento, mientras que la tecnología de conexión de tres hilos minimiza los errores de resistencia de los cables para garantizar estabilidad y precisión a largo plazo.
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