Los termopares resistentes a la corrosión se basan en el efecto termoeléctrico (Seebeck): cuando dos metales diferentes forman un circuito cerrado y sus uniones (extremo de medición y de referencia)
Los termopares resistentes a la corrosión se basan en el efecto termoeléctrico (Seebeck): cuando dos metales diferentes forman un circuito cerrado y sus uniones (extremos de medición y referencia) experimentan una diferencia de temperatura, se genera una fuerza termoelectromotriz, proporcional al tipo de material y ΔT; este voltaje se mide y se convierte en temperatura mediante curvas de calibración; la resistencia a la corrosión se logra mediante la selección de materiales, como aleaciones NiCr–NiSi (Tipo K) o NiCr–CuNi (Tipo E), que permanecen estables en medios ácidos, alcalinos o salinos; diseños estructurales como uniones aisladas o puestas a tierra protegen aún más los elementos sensores del ataque químico directo, aunque existen compensaciones entre la velocidad de respuesta y la robustez mecánica.

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